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miércoles, 28 de enero de 2009

Demagogia y periodistas asnos.

Titular: el beneficio del Banco Santander cae un 2%.

Lectura: Pobrecitos, cómo se nota la crisis. Hasta los bancos pierden.

Lo que es un gol por la escuadra. Porque si uno lee la noticia, se pueden apuntar dos cositas:

La primera, que un 2% no es una caída, a lo sumo una sensación de vértigo, o un pequeño roce con el pestillo de la puerta cuando llevas la bandeja de la cena para ver Boston Legal. Quizá ni eso.

La segunda, que el Banco de Santander ha ganado 8.876 millones de euros de beneficio neto, sin contar ingresos extraordinarios. Como suena: 16 billones de pesetas, para los del plan antiguo. Así me quiero caer yo, qué caramba. Es más, estoy dispuesto hasta a caerme un 50% de esa cantidad, no soy avaricioso y hay mucho que hacer.

Ya se podrían caer así los tres millones de personas que viven en España por debajo del umbral de la pobreza en la ONU. Ya se podrían caer así en la República Dominicana después del siguiente huracán. Así se deberían caer los africanos que están muriendo de cólera, de sida, de codicia de coltán. Así me gustaría ver a mí caerse a los ancianos de Marilia y de tantos sitios.

Pobrecitos accionistas del Santander. Desafortunadamente, no tengo vendas para hacerles la cura que estoy pensando.

Nota: Bien por el gremio periodístico una vez más. No se debe morder la mano que le da de comer a uno.

Nota 2: siempre me ha llamado la atendión que el sr. Botín se apellide precisamente así, “Botín”. ¿A ustedes no?

martes, 14 de octubre de 2008

Al fin, buenas noticias.

Definitivamente, cada europeo va a pagar entre 5.000 y 11.000 € (según estimaciones: o sea, que será más) para salvar a los pobres hombres ricos y a los bancos víctimas de su toco-mocho. Ya se escucha el júbilo, las alegrías y cuchufletas de los Pantuflos del parqué. Las ovejas escuchan el alborozo de los lobos.
Ahora bien, habría que extraer, de la premisa de la intervención, el silogismo correspondiente: Cuando el ciclo vuelva a remontar, me imagino que los que hemos comprado con nuestro dinero esa parte de los bancos seremos los felices poseedores de las acciones correspondientes por el importe de lo que hemos desembolsado. ¿no? Es decir: el banco se arruina, le doy el dinero, da beneficios, comparte los beneficios.
Este ejercicio de ingenuidad lo hago a propósito, claro. Porque el hecho es que los bancos nacionalizados ahora --o "intervenidos", que es el mismo desgarro, pero con vaselina-- volverán a manos privadas cuando vuelvan a ser negocio. Como ocurrió con Iberia, Telefónica, Argentaria... Entonces los compañeros de pupitre, los poceros y sus concejales volverán a su sitio, seguirán los salarios de miseria y los faescistas volverán a entonar los te deum a mayor honra y prez del liberalismo contra los progres trasnochados que seguimos pensando que el dinero y la propiedad deben ser de todos.

Rojo que es uno, y además, tonto. En fin...

P.S.: no crean que he sido muy demagógico. Sé que lo que ha puesto el Estado es la garantía que garantiza que el banco sea capaz de devolver el dinero de nuestros depósitos e inversiones. No todo, claro. Sólo una parte. Y que no es lo mismo que repartir acciones. Mi pregunta es: ¿y por qué no se reparten acciones? Lo dicho, preguntas tontas de un marxista lleno de telarañas. Menos mal que cuernos no llevo. No todo puede ser malo.
Perdón por extender el post. Pero acabo de enterarme de que el oro de inversión está exento de IVA. Los libros no. Toma demagogia barata y trasnochada. Que aproveche.

jueves, 9 de octubre de 2008

Los prefijos y la ideología de la mentira.

Los prefijos son un elemento lingüístico muy menospreciado. Creemos que la cultura y aun la ideología suelen residir en los radicales. Y, aunque comprendemos muy bien lo que puede variar un sufijo (no es lo mismo cabrón que cabroncete, por ejemplo), solemos dar de lado a las partículas que, antepuestas a una palabra, la varían y, a veces, la desfiguran.
Uno que me gusta mucho porque se usa mal es Neo-. Significa nuevo pero, curiosamente, se emplea como "ligeramente distinto" o "distinto" sin más, algo o alguien que ha evolucionado para ser diferente a su caraácter original. Así, por ejemplo, se llama "neofascistas" a los fascistas de toda la vida pero más jovencitos. Defienden lo mismo que sus ancestros --que rima con cabestros: la lengua es un tesoro lleno de armonías sutiles, que diría un medieval-- y tratan de imponerse con los mismos medios. No sé qué tienen de nuevo.
También se llama "neoconservadores" a los conservadores de toda la vida que se han vuelto más codiciosos si cabe, que cabe. si se han hecho más codiciosos, más descarados y encima presumen de sus catastróficas estafas podríamos llamarles, bien "re-conservadores", "requete-conservadores" o "hijos de perra", que sería lo más normal porque son los mismos perros pero con distintos collares. Claro, que en los medios quedaría fatal decir recón --que también rima y califica per especulum et in aenigmate--, o hipe, que suena como mal, ossea, oyesss...
También se usa raro el prefijo para-, "imitación". Cuando se aplica al sustantivo militar es muy gracioso, porque describe una organización que es militar en todo, estructura, mando, tácticas, logística, etc., menos en el nombre. Simplemente hablamos de organizaciones paramilitares cuando describimos organizaciones opositoras demasiado numerosas, poderosas y establecidas como para no rebajarlas al nombre de terroristas. O sea, que aquí viene de "paralelo" y no de "imitación".
¿Qué decir de las paraciencias? Aquí para significa "mala imitación" y legitima el que la comunidad científica se encoja de hombros ante fenómenos que todo el mundo sabe que existen pero se niegan a investigar --al menos de cara al público. Si dices que el problema es que la ciencia sólo puede investigar científicamente aquello que la ciencia decide que puede ser objeto de investigación científica, te miran raro. Y con razón: bastante difícil es ya conseguir las subvenciones como para mencionar a Gödel. Ahora bien, el dinero lo cambia todo y puede con los prefijos: antes la acupuntura era paramedicina. Ahora que los chinos son un mercado y no una panda de rojos peligrosos --o no sólo-- ya es "medicina tradicional oriental". Chúpate esa.
Lo paranormal es otra cuestión. Porque a todos los fenómenos que se califican así no se consideran "anormales" o "poco normales" o raros simplemente. Y no se sabe si se trata de fenómenos que hablan de una realidad paralela o de una realidad imitada. Lo cual es más inquietentemente metafísico que un poltergeist. A mí por lo menos me inquieta más. Quizá porque los poltergesit que he visto han sido amables, no lo sé. Por ejemplo, no sé si la intervención de Soraya Sáenz de Santamaría en 59 segundos fué paranormal, anormal o poco normal. A mí me pareció neo-obscena, pos-mentirosa y para-política.
Si es que los prefijos los carga el diablo.

martes, 7 de octubre de 2008

Ite Misa Est.

Ignoro si la prensa, habitualmente tan torpe para dar noticias de la Santa Sede como ésta a la hora de comunicar su mensaje, ha reseñado en su contenido correcto y en su contexto. Seguramente no. Pero no puedo resistir la tentación de comentar algunas palabras que he escuchado textualmente en algunos informativos italianos. Y las homilías del Papa durante la inauguración del Sínodo de Obispos me han dejado perplejo cuando ha achacado la crisis económica global “a esta sociedad que ha matado a Dios”, etc...
A mí este Papa me tiene un poco confundido. Y escamado. Normalmente me escama la gente que ha sido Inquisidor General, pero esto es un prejuicio muy particular. No obstante, comprendo su preocupación fundamentalista, es decir, su vuelta a los fundamentos. La misa, de culo y en latín. La Biblia, al pie de la letra. Los sacramentos, como Dios –y él—manda. Todo eso lo puedo entender porque en tiempos de zozobra y amenaza la primera tentación es volver a los orígenes. Parece que para él y para su antecesor la Iglesia perdió su identidad en el Concilio Vaticano II, se mezcló con rojos y hippies, alimentó el sueño de los laicos de guiar las corrientes pastorales al unísono con el signo de los tiempos y así perdió su verdadera identidad. Eso lo entiendo, porque vendría a ser como esas parejas que tratan de suturar su amor tratando de revivir la noche de bodas en una imposible segunda luna de miel.
Lo que no comprendo es que esto le valga para todo. Para analizar la crisis económica, para hablar de las nuevas tecnologías, para criticar las relaciones sociales nacidas en el marco de la comunicación global... Me pregunto si pide el café reafirmando las decretales de Trento.
Tampoco veo mucho el que achaque los problemas contemporáneos a una sociedad que ha “matado a Dios”. Me parece que el problema que tiene la fe católica es de márketin o, más precisamente, de cuota de mercado. La gente no parece que crea menos en Dios. Lo que parece es que la marca Católico Apostólico Romano está fracasando, es decir: la gente no cree menos en Dios, sólo que ae ha apuntado a otros o a otras modalidades (pienso que el producto inicial viene a ser el mismo). Es más: hay religiones que incluso consiguen que sus fieles se inmolen en el nombre de su dios, cosa que la Iglesia Católica no ve desde sus viejos buenos tiempos.
¿Y si el Dios católico volviese a ser el dios de los pobres? ¿Y si fuera el Dios de Misericordia que tantos católicos creen que es, independientemente de lo que opine la Suprema? ¿Y si criticase con tanta fiereza como Juan Pablo II un sistema económico que hace más ricos a los ricos y más miserables a todos los demás? ¿Y si apoyase la labor de tanta gente comprometida, en su nombre, con los necesitados, los enfermos, los excluídos?
Claro que anatematizar a banqueros y políticos es mucho más complicado que bramar contra intelectuales, curas de apie y filósofos. Y más barato.

Addenda.

Hace poco nombraron al “Jefe”, como lo llamó un colega, del Poder Judicial, que se bendijo a sí mismo vía Rouco en una misa oficial. Preguntado nuestro Ministro de Justicia, en la SER, dijo algo así como “yo respeto su creencia y ésta no tiene por qué afectar a su trabajo. Como mi laicidad no tiene por qué interferir en el mío”. Más o menos.
Sr. Ministro: laico no es el practicante. Es el miembro de la grey que no ha adoptado hábitos ni órdenes. El juez en cuestión es tan laico como usted. La sociedad laica no tiene por qué ser arreligiosa. Lo que tiene que hacer es velar porque los poderes del Estado no lo sean. Y otra cosa: personalmente creo que hay que respetar y defender el derecho de todo creyente a sostener sus creencias y a llevarlas a la práctica, mientras éstas no conculquen la Ley. Pero la creencia en sí misma no tengo por qué respetarla en absoluto. Faltaría más. Como para respetar el ideario nacional-socialista, por ejemplo.