Para pensar en el éxito que puede tener un chiste:
Sarcófago significa, en griego, Come-Carne (sarx o sarj=carne; phago=comer). Daría un busto por conocer al cachondo al que se le ocurrió esta denominación para las cajas de difuntos.
Para hacer teología demagógica:
El diablo te tienta con sexo, poder, dinero, éxito profesional, placeres abundantes... Parece que consideramos a dios un poco cabrón, ¿no? De hecho, algunas de esas cosas se las demandamos a los santos o a la Virgen: “mira, lo que diga tu madre, que me tienes harto”. Muy de padre, ¿a que sí? Cachisss...
Para los negacionistas de la ufología:
Un caza cuesta cientos de millones de euros. No digamos entrenar y formar a pilotos para que los manejen. Pues bien: si lo que persiguen esos cazas son globos sonda o los reflejos de tormentas o de refinerías, o deberían dimitir los mandos que les envían a esas misiones o los pilotos no están tan bien entrenados para distinguir entre un globito y una amenaza desconocida. ¿O no? Tanto gasto para nada...
Una de periodismo moderno:
¿Para qué van los periodistas a las ruedas de prensa sin preguntas? ¿No saben que hay sistemas de comunicación a distancia tales como el teléfono, el correo, el correo electrónico, la videoconferencia, etc.? También son ganas de gastar.
Una de perplejidad histórico-ideológica:
Pese a las numerosas pruebas que demuestran que las especies han evolucionado a lo largo de millones de años, los ultrarreligiosos siguen llamando a las leyes de la Evolución “Teoría”. Sin embargo, creen de manera literal en unos textos arameos escritos en caracteres hebreos traducidos al griego y luego al latin en los que habla dios o su hijo. Es notable.
De la pureza idiomática:
Las palabras /teléfono/, /sinergia/, /televisión/ o, como vimos arriba, /sarcófago/ se doptan sin problemas al idioma español, y todas proceden de lenguas muertas. Sin embargo, todo el mundo se lleva las manos a la cabeza cuando esas palabras proceden del inglés o del francés. Si fuera por los puristas hablaríamos por señas. Eso sí: muy españolas.
ESCOLIO: que las agencias de publicidad hayan llegado a un acuerdo para proteger al español es graciosísimo. Supongo que habrán hecho un brain-storming en un meeting donde el CEO o el planner les ha sugerido a sus coworkers que, dentro del marketing plan y de la branding strategy de sus compañías estaría bien hacer una token task, no tanto para llegar a un target concreto, sino como pitch de notoriedad frente a la mass audience. Parece que ya están haciendo un story-board –en plan rough—para presentar al público el spot y las piezas gráficas con una deadline aproximada de finales de octubre.
Una de política:
Cuando alguien está en la oposición –en especial don Mariano—repite hasta la saciedad que las medidas tomadas son inexistentes o insuficientes. “Hay que tomar medidas urgentes y con firmeza”. Lo curioso es que nunca dice cuáles son esas medidas; y no es porque no sepa cuáles propondría, sino porque como son barbaridades lo mejor es decirlas cuando se llega al gobierno.
Una de corrupción:
En España los escándalos políticos y de corrupción no suelen tener castigo en votos. Y es que aquí sabemos que, coño, si llegas al poder será para forrarte y follar, ¿no? Somos un pueblo realmente empático con la falta de ética. Porque nadie tiraría la primera piedra.
Una de estudios científicos:
Casi nadie sabe que los estudios contra el tabaco los patrocinan –entre otras empresas limpias-- las petroleras. Los estudios a favor del tabaco, sin embargo, se sabe que los financian las tabaqueras. ¿Quién financia los estudios contra el aceite de oliva? ¿Y contra la carne roja?
Curiosidad institucional:
El virus del SIDA afeccta a todo el mundo a nivel orgánico. A la jerarquía eclesiástica, en cambio, le afecta primordialmente a nivel cerebral. (He puesto el galicismo “a nivel de” a propósito... ¿qué se creían?).
Oración, despedida y cierre:
/Carta de ajuste/ es otro anglicismo: viene de chart, que significa cartón, panel, cartel... mapa, a veces. Ahora se ha sustituido por concursos-timo y chicas que se autopalpan. No sé si agradecerlo o recordar con nostalgia aquélla nada llena de circulitos, rayitas y cuadraditos "à la Mondrian".
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miércoles, 18 de marzo de 2009
viernes, 13 de febrero de 2009
Sic Transit Gloria Sinistrae
Cuando en el colegio uno de los “chicos malos” hacía una barbaridad y los profesores o la dirección se enteraban, lo primero que se hacía era buscar al chivato. Llegaba un momento en que la discusión era quién había dado la información al director y se olvidaba por completo quién había quemado el pupitre o le había abierto la cabeza al debilucho. De manera que el peor delito que se podía cometer en el colegio era “chivarse”, y no abusar del gordo, del gafotas o del empollón (lo sé muy bien porque, salvo en lo de las gafas yo estaba bendecido por los mencionados atributos), ni echar azúcar en el depósito de gasolina del coche del profesor de matemáticas, ni pegar una paliza a un chaval negro o moro, ni robar un balón, o la comida o el dinero, a un chaval de primaria.
Nuestra presidenta de la Comunidad de Madrid, la pija ex-maoísta cuyos discursos escribe un ex-anarquista, ha hecho lo mismo que los golfos repetidores de los colegios. Para ella lo grave no es el montón de estiércol sobre el que su trono se asienta, sino que alguien se ha chivado. Lo que para Pedro Jeta es periodismo de investigación es para el grupo Prisa filtración intolerable y connivencia entre el ejecutivo y el judicial. Es chivateo.
Luego están los comunicadores faescistas, que son unos genios. Porque ahora se discutirá sobre la oportunidad y aun la legalidad de que el ministro y el juez se encuentren en una cacería –organizada por un señorito del PP de Jaén—y no sobre los sobornos, los sobornados, los espías, los espiados y toda la basura adyacente.
Y eso que a los que fuimos y somos de izquierda lo que más nos duele de la cuestión cinegética es ese socialista ejerciendo de señorito en Sierra Morena. O ese otro socialista que le va a poner una calle en Zaragoza a San Josemaría. O ese sindicato que ha aceptado callarse ante las cosas que pasan en Telemadrid. Y es que la izquierda está fuera del parlamento, de los ministerios, de la política. La izquierda está sólo ya en nuestros ordenadores, en nuestras indignaciones de salón, en nuestras cenas con aquéllos amigos, en nuestro voto frustrado y frustrante. En alguna parte de nuestra memoria, de nuestra adolescencia.
Nuestra presidenta de la Comunidad de Madrid, la pija ex-maoísta cuyos discursos escribe un ex-anarquista, ha hecho lo mismo que los golfos repetidores de los colegios. Para ella lo grave no es el montón de estiércol sobre el que su trono se asienta, sino que alguien se ha chivado. Lo que para Pedro Jeta es periodismo de investigación es para el grupo Prisa filtración intolerable y connivencia entre el ejecutivo y el judicial. Es chivateo.
Luego están los comunicadores faescistas, que son unos genios. Porque ahora se discutirá sobre la oportunidad y aun la legalidad de que el ministro y el juez se encuentren en una cacería –organizada por un señorito del PP de Jaén—y no sobre los sobornos, los sobornados, los espías, los espiados y toda la basura adyacente.
Y eso que a los que fuimos y somos de izquierda lo que más nos duele de la cuestión cinegética es ese socialista ejerciendo de señorito en Sierra Morena. O ese otro socialista que le va a poner una calle en Zaragoza a San Josemaría. O ese sindicato que ha aceptado callarse ante las cosas que pasan en Telemadrid. Y es que la izquierda está fuera del parlamento, de los ministerios, de la política. La izquierda está sólo ya en nuestros ordenadores, en nuestras indignaciones de salón, en nuestras cenas con aquéllos amigos, en nuestro voto frustrado y frustrante. En alguna parte de nuestra memoria, de nuestra adolescencia.
Desde que González se subió al Azor esto es lo que hay. Tristeza.
Nota: De hecho, esta investigación de Garzón es peculiar. Por primera vez, creo, se va a perseguir a los sobornadores y no a los sobornados, que hasta ahora era la práctica habitual. Vamos a ver.
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miércoles, 11 de febrero de 2009
El 23-F: la Memoria, la Pureza y mi Señora.
Anoche vi unos reportajes sobre la inentona de golpe del 23 de Febrero (de 1981, para los del plan nuevo). Yo había vuelto a mi antiguo Instituto, no recuerdo por qué, aunque me parece que tenía que ver con una reunión política. Yo ya estaba en Comillas, pero no había roto lazos con mi única etapa de educación laica (Gracias, Antonio, Roberto, Alejandro...).
Eran unos tiempos muy puros y, como tales, muy confusos. En las manifestaciones de los dos años anteriores contra la reforma educativa –y contra Martín Villa, que aún amparaba disparos al aire, detenciones ilegales y Conesas, amparo sobre el que se ha corrido un muy tupido velo—yo devolvía botes de humo con el que ahora le escribe los discursos a Esperanza Aguirre y con una chavala con nombre de tío que simpatizaba, y creo que se liaba, con gente neonazi. Bueno, y conmigo. Carisma tolerante, que le dicen.
También hay que recordar que la política era tan seguida –emocional y racionalmente—como ahora el fútbol o los realities, y que cuando había un debate importante en el Congreso andábamos por los autobuses, por la calle y aun en las clases, con la radio pequeñita en el bolsillo. Como aquéllos vejetes que iban por el retiro los domingos con el Carrussell Deportivo a toda leña, pero en concientizado. Es importante tener esto en cuenta, porque explica que prácticamente toda la ciudad se enterase del golpe en tiempo real.
El caso es que aquélla tarde era de esas que en Madrid ya huelen a primavera. No hacía mucho frío y había pasado a saludar a Macario el secretario (infame pareado para una gran persona) y de pronto la SER, los disparos y todo el lío. Después de no dar crédito durante un par de segundos corrí de clase en clase para evacuar el Instituto. Todo el turno de vespertino y el comienzo del nocturno anduvo a las carreras, solicitando información confusa, arreando para sus casas o para las sedes de los partidos y movimientos, según el caso.
Es difícil explicar a los de ahora que, en una época sin teléfonos móviles, todo el mundo sabía qué hacer y dónde ir para deshacerse de papeles, localizar a los ilocalizables, preparar –en algunos casos—el viaje a Gredos o a Francia, salvar lo que se pudiera de los locales, repartirse los libros y los documentos más imprescindibles... En fin, un estrés coordinado. En dos horitas, hacia las ocho y media, todo estaba más o menos controlado y cogí un autobús para ir a casa. Cuando llegué, mis padres estaban histéricos, pensando eso que las madres definen como “que te hubiera pasado cualquier cosa”.
Luego, dos horitas de teléfono, cena y escapada al Palace. Como en Neptuno había de todo y todo bueno, los de mi cuerda anduvimos muy discretos. Lola me había acompañado por si un aquél de parejita-paseando-sin-nada-que-ver-con-el-lío. Tan discretos anduvimos que, cuando estuvimos a punto de chocar con los que vitoreaban a los golpistas, recibimos la consigna de que va a ser que no. Para casa, tranquilidad y ya veríamos por la mañana. Se rumoreaba que el golpe estaba triunfando en Valencia y la música militar de Radio Nacional no ayudaba a pensar en que “mañana por la mañana” iba a ser coser y cantar.
Eran unos tiempos muy puros y, como tales, muy confusos. En las manifestaciones de los dos años anteriores contra la reforma educativa –y contra Martín Villa, que aún amparaba disparos al aire, detenciones ilegales y Conesas, amparo sobre el que se ha corrido un muy tupido velo—yo devolvía botes de humo con el que ahora le escribe los discursos a Esperanza Aguirre y con una chavala con nombre de tío que simpatizaba, y creo que se liaba, con gente neonazi. Bueno, y conmigo. Carisma tolerante, que le dicen.
También hay que recordar que la política era tan seguida –emocional y racionalmente—como ahora el fútbol o los realities, y que cuando había un debate importante en el Congreso andábamos por los autobuses, por la calle y aun en las clases, con la radio pequeñita en el bolsillo. Como aquéllos vejetes que iban por el retiro los domingos con el Carrussell Deportivo a toda leña, pero en concientizado. Es importante tener esto en cuenta, porque explica que prácticamente toda la ciudad se enterase del golpe en tiempo real.
El caso es que aquélla tarde era de esas que en Madrid ya huelen a primavera. No hacía mucho frío y había pasado a saludar a Macario el secretario (infame pareado para una gran persona) y de pronto la SER, los disparos y todo el lío. Después de no dar crédito durante un par de segundos corrí de clase en clase para evacuar el Instituto. Todo el turno de vespertino y el comienzo del nocturno anduvo a las carreras, solicitando información confusa, arreando para sus casas o para las sedes de los partidos y movimientos, según el caso.
Es difícil explicar a los de ahora que, en una época sin teléfonos móviles, todo el mundo sabía qué hacer y dónde ir para deshacerse de papeles, localizar a los ilocalizables, preparar –en algunos casos—el viaje a Gredos o a Francia, salvar lo que se pudiera de los locales, repartirse los libros y los documentos más imprescindibles... En fin, un estrés coordinado. En dos horitas, hacia las ocho y media, todo estaba más o menos controlado y cogí un autobús para ir a casa. Cuando llegué, mis padres estaban histéricos, pensando eso que las madres definen como “que te hubiera pasado cualquier cosa”.
Luego, dos horitas de teléfono, cena y escapada al Palace. Como en Neptuno había de todo y todo bueno, los de mi cuerda anduvimos muy discretos. Lola me había acompañado por si un aquél de parejita-paseando-sin-nada-que-ver-con-el-lío. Tan discretos anduvimos que, cuando estuvimos a punto de chocar con los que vitoreaban a los golpistas, recibimos la consigna de que va a ser que no. Para casa, tranquilidad y ya veríamos por la mañana. Se rumoreaba que el golpe estaba triunfando en Valencia y la música militar de Radio Nacional no ayudaba a pensar en que “mañana por la mañana” iba a ser coser y cantar.
Nada más volver a casa con Lola apareció Juan Carlos. A pesar de las angustias de la generación de mis padres, el gesto era claro: no había golpe. Más telefonazos de comprobación. Después de todo, “mañana por la mañana” empezaba a verse más claro. Valencia se tranquilizaba y la Brunete acuartelada en Villaviciosa –cuyos mandos y suboficiales tuve el gusto de soportar en mi propia mili en Valladolid—volvía a casita sin haber quitado las zapatas de los carros de combate.
La mañana siguiente hacía más frío. Y todos, de alguna manera, supimos que íbamos a pagar un precio muy alto por aquéllo. Nunca supimos nada de la trama civil. Ni siquiera anoche. Y todos vimos cómo la izquierda española se hacía de derecha para poder gobernar: primero consolidar la democracia, etc. La lección ya estaba aprendida.
Los tiempos dejaron de ser puros, las utopías terminaron con la muerte de Tierno, la corbata de González y el referéndum de la OTAN. Un año después, tras haber salido con la hija de uno de los amigos de Tejero y Miláns (seguía yo con mi carisma tolerante), me enamoré por fin de una chica de izquierda. Ahora es mi mujer, mira por dónde. Quién sabe si debo mi felicidad conyugal a Tejero.
Para leer a Hegel, vamos.
Nota: Me gustaría que las 20 ó 25 personas que leen esta cosa aportaran su 23-F. Es como aquélla escena de Night Moves, en la que Gene Hackman y Jennifer Warren conectan de veras cuando responden a la famosa pregunta: "¿Dónde estabas cuando mataron a Kennedy?". Viva la memoria.
miércoles, 21 de enero de 2009
Obama y Lincoln. Dos pequeñas reflexiones y una curiosidad.
La primera es un poco cruel y la mencionaba esta mañana el maestro Elkáizer en no sé muy bien qué radio: cuatro meses después de pronunciar el famoso discurso sobre el que Obama ha construido su propuesta se inició la guerra civil. Igual que Marco Aurelio no pudo permitirse los lujos que se permitió Adriano, podríamos pensar que Obama no va a poder permitirse los lujos que se permitió Kennedy. Hoy en día la paz no está muy valorada. Todos parecen haber escogido dejarse guiar por la versión del dios patriarcal guerrero y no adorar a la pacífica y ubérrima madre de los dioses. Estaremos atentos.
La segunda reflexión es más pesimista. Creo que cualquier institución que, en tiempos de crísis, de convulsiones, de cambio, busca las ideas en los padres fundadores lo hace porque ya no es capaz de generar ideas nuevas. Quienes querían la vuelta a la república durante la era imperial romana no pudieron o no quisieron ver que la institución del imperio era irreversible. Su crítica y sus propuestas, mirando hacia una institución y unos valores desaparecidos y, por ende, mitificados, ahistóricos, dejaron de pensar hacia adelante.
Que el autor-supervisor de los discursos del nuevo Emperador sea un joven de 27 años ha sido muy celebrado entre nuestros periodistas y comentaristas políticos. A mí me preocupa que un chaval de 27 años, para parecer progresista, para proponer la esperanza y los nuevos valores, mire tan lejos como ciento cincuenta años atrás, y no diez, cien, mil, hacia adelante.
Para ese viaje me quedo con las alforjas de Heráclito, qué demonios.
P.S.: Aquí, mientras tanto, Esperanza dice que desconoce el espionaje montado por su vice-presidente. Esta mujer cada vez se parece más a G.W... es decir, que no sé qué me da más miedo, que sea mala o que sea tonta.
La segunda reflexión es más pesimista. Creo que cualquier institución que, en tiempos de crísis, de convulsiones, de cambio, busca las ideas en los padres fundadores lo hace porque ya no es capaz de generar ideas nuevas. Quienes querían la vuelta a la república durante la era imperial romana no pudieron o no quisieron ver que la institución del imperio era irreversible. Su crítica y sus propuestas, mirando hacia una institución y unos valores desaparecidos y, por ende, mitificados, ahistóricos, dejaron de pensar hacia adelante.
Que el autor-supervisor de los discursos del nuevo Emperador sea un joven de 27 años ha sido muy celebrado entre nuestros periodistas y comentaristas políticos. A mí me preocupa que un chaval de 27 años, para parecer progresista, para proponer la esperanza y los nuevos valores, mire tan lejos como ciento cincuenta años atrás, y no diez, cien, mil, hacia adelante.
Para ese viaje me quedo con las alforjas de Heráclito, qué demonios.
P.S.: Aquí, mientras tanto, Esperanza dice que desconoce el espionaje montado por su vice-presidente. Esta mujer cada vez se parece más a G.W... es decir, que no sé qué me da más miedo, que sea mala o que sea tonta.
martes, 20 de enero de 2009
La Miseria de la Política (III)
En nuestra cultura hay una sorprendente tendencia a admitir las cosas de manera acrítica, sin detenernos ni un sólo momento a juzgar las informaciones y mucho menos los presupuestos de lo que se nos dice. De ahí que los que somos de una generación que se movilizó –y a la que se abandonó a su suerte cuando el dios dinero volvió a reinar en la era Reagan—estemos tan perplejos: nadie se para a decir que el rey está desnudo, que las cosas que se ven son tal cual, que no comulgamos con ruedas de molino.
Se admite, por ejemplo, que una persona que ejerce un cargo político tras un proceso electoral es demócrata. Y no es así: su elección ha provenido de un proceso democrático, pero eso no le inviste inmediatamente de una asunción de creencias democráticas, de moral republicana (en sentido lato), de honestidad ni de responsabilidad pública.
Creo que es precisamente esa la debilidad de las democracias occidentales actuales: pensar, mejor soñar, que los que ganan unas elecciones son demócratas, que todos participamos del mismo juego. Que, por el hecho de saber segar la hierba todos somos futbolistas. Y va y no. Como muchos de los que votan tampoco lo son.
Por eso me hace tanta gracia lo de Esperanza Aguirre y sus secuaces, algunos de los cuales no han sido –recordémoslo, aunque sea obvio—elegidos por nadie sino por ella. Mientras a nuestra ambiciosa presidenta se le llena la boca de proclamas anticastristas en nombre de los más altos valores democráticos tomados en su conjunto, sin especificar cuáles, sus adláteres montan un servicio secreto de información, ofrecen cargos a cambio de votos en una entidad financiera, se cepillan lo que queda de la educación y la sanidad pública...
Curiosa manera esta de entender la democracia, que reduce ésta a la consecución de un cargo para luego ejercer el poder de manera arbitraria y absoluta, sin tener en cuenta lo público, renegando del Estado como garante de la libertad y la justicia en cuanto protector de los que nada tienen frente a los que lo tienen todo. Y, claro está, gobernando sólo para unos a pesar de pretender representar a todos.
Por eso el mensaje de Obama no es una proclama vacía –aunque tengamos derecho a no creernos nada--: la gente espera que su representante gobierne en su nombre, “desde, para y por el pueblo”. Que no utilice, como ha hecho Cheney... perdón, Bush, el poder en sus manos como un regalo que le han dado para hacer lo que le dé la gana. Esa, no la de solucionar la crisis económica, es la gran promesa del nuevo presidente: ser demócrata.
Casi nada.
P.S.: Para demostrar que uno puede leer una noticia y quedarse sólo en la costra, un ejemplo casi frívolo: una cosa tan tonta como el acoso al ya ex-presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, es la consecuencia de haber mantenido su contrato de derechos de emisión en Digital+ frente al acoso y las presuntas irregularidades de Media-pro y, por tanto, de los grupos mediáticos rivales de Prisa-Telefónica. Es decir, que todo esto no va de fútbol, sino de dinero y de muchas cosas más. Que eso no se publique también es una idea del sentido democrático de los medios.
Se admite, por ejemplo, que una persona que ejerce un cargo político tras un proceso electoral es demócrata. Y no es así: su elección ha provenido de un proceso democrático, pero eso no le inviste inmediatamente de una asunción de creencias democráticas, de moral republicana (en sentido lato), de honestidad ni de responsabilidad pública.
Creo que es precisamente esa la debilidad de las democracias occidentales actuales: pensar, mejor soñar, que los que ganan unas elecciones son demócratas, que todos participamos del mismo juego. Que, por el hecho de saber segar la hierba todos somos futbolistas. Y va y no. Como muchos de los que votan tampoco lo son.
Por eso me hace tanta gracia lo de Esperanza Aguirre y sus secuaces, algunos de los cuales no han sido –recordémoslo, aunque sea obvio—elegidos por nadie sino por ella. Mientras a nuestra ambiciosa presidenta se le llena la boca de proclamas anticastristas en nombre de los más altos valores democráticos tomados en su conjunto, sin especificar cuáles, sus adláteres montan un servicio secreto de información, ofrecen cargos a cambio de votos en una entidad financiera, se cepillan lo que queda de la educación y la sanidad pública...
Curiosa manera esta de entender la democracia, que reduce ésta a la consecución de un cargo para luego ejercer el poder de manera arbitraria y absoluta, sin tener en cuenta lo público, renegando del Estado como garante de la libertad y la justicia en cuanto protector de los que nada tienen frente a los que lo tienen todo. Y, claro está, gobernando sólo para unos a pesar de pretender representar a todos.
Por eso el mensaje de Obama no es una proclama vacía –aunque tengamos derecho a no creernos nada--: la gente espera que su representante gobierne en su nombre, “desde, para y por el pueblo”. Que no utilice, como ha hecho Cheney... perdón, Bush, el poder en sus manos como un regalo que le han dado para hacer lo que le dé la gana. Esa, no la de solucionar la crisis económica, es la gran promesa del nuevo presidente: ser demócrata.
Casi nada.
P.S.: Para demostrar que uno puede leer una noticia y quedarse sólo en la costra, un ejemplo casi frívolo: una cosa tan tonta como el acoso al ya ex-presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, es la consecuencia de haber mantenido su contrato de derechos de emisión en Digital+ frente al acoso y las presuntas irregularidades de Media-pro y, por tanto, de los grupos mediáticos rivales de Prisa-Telefónica. Es decir, que todo esto no va de fútbol, sino de dinero y de muchas cosas más. Que eso no se publique también es una idea del sentido democrático de los medios.
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martes, 13 de enero de 2009
La Miseria de la Política (II).
Decía en el anterior mensaje lo de la publicidad porque estoy convencido de que la política como tal existe en unos lugares y términos a los que los ciudadanos no tenemos ningún acceso. Ni siquiera los periodistas lo tienen.
A los periodistas les gustan las nevadas del invierno y las olas de calor en verano; porque pueden escribir algo que ellos mismos están viendo. Porque de lo demás no se enteran. No saben, o no pueden publicar por qué se está armando la que se está armando en el Cáucaso. No saben, o no pueden publicar, por qué la invasión genocida de Gaza ha coincidido con unos cuantos movimientos en Afghanistán, Paquistán e Irán y con lo que ocurre en el Cáucaso. No saben o no pueden publicar qué piensa la nueva administración Obama del problema Israelí que, como todo el mundo sabe excepto ellos, es un problema estadounidense disfrazado de problema israelí. Tampoco pueden explicar por qué cada vez que hay escasez de ciertas materias primas surge una oleada de crímenes en masa o de golpes de estado (o ambos) en África, ese evacuadero por donde la dignidad humana se va una vez que tiramos de la cadena con nuestro mando a distancia.
Y no pueden publicar nada de eso porque la explicación requiere muchísimo trabajo. Explicar por qué Indonesia, Malasia y Singapur tienen un papel decisivo en el futuro de los conflictos de Oriente Medio es farragoso, requiere mucho trabajo y, quizá, informarse in situ. Y los periodistas están en manos de gabinetes de prensa, departamentos de imagen y profesionales de la comunicación que redactan las noticias, los comunicados y hasta las entrevistas. El periodismo actual la mayoría de las veces no es más que un soporte publicitario de los grupos de poder que pagan a quienes hablan a los periodistas y a ellos mismos. Así todo queda en casa.
Otras veces es cuestión de estupidez supina: cuando GW Bush dice que lamenta "el error" de las armas de destrucción masiva --que EEUU e Israel poseen con profusión--que Iran no ocultaba, el periodista repite la palabra error porque cita las palabras del ya ex-presidente. Con lo que se ayuda a instalar la opinión de que este cruzado de la nueva guerra antiterrorista, incapaz de socorrer a sus compatriotas en Louisiana, no mintió ni llevó al mundo a una catástrofe de proporciones que aún no hemos empezado a percibir, sino que apenas se le resbaló un plato.
Los periodistas sólo repiten. Y con su repetición dan un altavoz a lo que la política ha convertido en eslóganes, en frases hechas de fácil consumo, en píldoras amargas de vaciedad, de indignidad, de inmoralidad. Cuando nosotros luego, en una cena, al hablar de política sólo repetimos esas estupideces creemos que hablamos de ella. Y no. Estamos hablando de lo que la política publicita. De lo que la política nos hace consumir. Repetimos los jingles, los cierres ingeniosos, la frase curiosa o indignante.
Ni siquiera los políticos nos hablan. Hablan a los suyos, a sus publicitarios, a sus amigos o a sus enemigos, a quienes les hacen decir, a quienes les hacen creer que les escuchan. Y, como en todo, hay clases: los grandes de la publicidad política saben que, de cuando en cuando, hay que producir un gran espectáculo. Y montan una invasión, una guerra, un ataque selectivo, una bomba inteligente. Es entonces cuando la guerra pasa a ser la continuación de la publicidad por otros medios: enseñando lo que pasa cuando no tragas la píldora, cuando no te comes la sopita.
Así que ojito.
Continuará.
P.S.: El embajador de Israel en España comparaba el otro día su invasión con las realizadas por la OTAN en los balcanes. Y podría funcionar, si no fuera porque la acción de la OTAN estaba avalada por unas cuantas resoluciones de la ONU, resoluciones que Israel tiende a pasarse por el arco de las lamentaciones con fruición. Afortunadamente, esta vez un periodista (Francino, para mi sorpresa) interrumpió el spot. Pero no importaba: el Embajador se fue a emitir a otra parte su spot. Porque él sabe que los anuncios los ves y te los tragas. Y si no, apagas la tele.
Pero entonces, claro, no te enterarías de nada.
Qué pena.
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lunes, 15 de diciembre de 2008
Lo Falso y lo Político.
El Friki-Milenio es una mina para sugerir reflexiones, lo que demuestra que de casi todo se puede aprender, o sobre casi todo se puede reflexionar, si uno está dispuesto a ello. Ayer no hubo más fantasmas que el presentador y su mago de la informática, pero trataron un asuntillo espinoso e interesante: el de la falsificación de los "hallazgos" arqueológicos de Iruña de Veleia.
Tampoco hay que rasgarse mucho las vestiduras, porque ya Augusto César, Octaviano antes de tener al Ejército detrás, ya falsificó, enmendó y ocultó, según el caso, los Libros Sibilinos. No hablemos de las falsificaciones, tachaduras y omisiones de algunos de los primeros Padres de la Iglesia, el jaleo que se montó con la Donación de Constantino, o la pasta que, antes de ser descubierto, hizo cierto artista israelí a cuenta de una tabla de basalto falsamente atribuída al reinado del legendario Salomón, entre otras piezas, hace sólo un par de años. Por no hablar, a menor pero más extensa escala, de documentos acreditativos de noblezas, hidalguías y limpiezas de sangre. El trasfondo es muy sencillo: el que paga, manda, y viceversa.
La arqueología, en estos tiempos y en los antiguos, es un terreno muy sensible política y socialmente hablando. Es la disciplina que más puede tocar los escrotillos de cualquiera y que más puede beneficiar a quienes tratan de justificar lo injustificable.
Los escrotos más sensibles son los nacionalistas --hablo de todos los nacionalismos, también del español--: se hinchan con suma facilidad por la tendencia de los dueños a barrer para casa. Esto lo vió Augusto César, y Himmler, y Napoleón, y Mussolini, y nuestro Paquito... Pero también esos cultísimos muchachos que quieren una Euzkadi de pastores y agricultores sin AVEs que les espanten su bucólico y pastoril país. [Nota al margen: todos los nacionalismos, curiosamente, tienen nostalgia de un idílico y rural pasado, lleno de prados verdes y florecillas y pastoras complacientes. Sus utopías siempre miran atrás. Por eso me parece inconcebible que alguien de izquierda sea nacionalista].
Como los nacionalismos suelen ser muy religiosos, además, buscan pruebas de la existencia real de los protagonistas de sus mitos, pero con cuidado, no vaya a ser que no nos guste el resultado. Así por ejemplo, es difícil admitir, para un israelita, que el monoteísmo hebreo bebiese en su origen de una corriente procedente de exiliados de Tell-el Amarna, porque entonces los egipcios reivindicarían lo que no deben. Y para nosotros también es mejor, porque la costumbre oriental de solucionar las cosas entregando al enemigo al juicio de la divinidad mediante baños de sangre ha pervivido durante milenios.
Instrumentalizar el hallazgo arqueológico es un arma muy poderosa y muy antigua. La esposa de Constantino --que debo recordar que se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte-- montó una expedición a Jerusalén para traer un trozo de la vera cruz, es decir, la del madero donde colgaron al desdichado líder de sus cada vez más extraños súbditos. Ella inauguró el tráfico político de reliquias sobre las que juraban, se coronaban o se avalaban los tesoros reales las monarquías y los principados de toda la Cristiandad hasta la Edad Moderna. Un chiste ya clásico decía que en cierta iglesia se podían contemplar los cráneos de San Juan Bautista a los 12, a los 20 y a los 33 años. Chiste moderno que tiene su remedo en muchas fuentes medievales del siglo XIV, en el que los primeros científicos nominalistas ya se mofaban de la profusión de dientes, huesecillos y otros despojos pertenecientes a santos y mártires.
Que ahora haya sujetos que quieran dar patente de verdad a sus bucólicas fantasías del origen no es más que la prolongación de esa inercia de los que pagan para justificar que no mandan sólo por eso. Pero brindemos por los arqueólogos. Al menos ellos tientan escrotos, que es de lo que se trata.
Vamos, digo yo.
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