lunes, 9 de febrero de 2009

Humor para después de una Gripe.

Las vidas y hechos de los fascistas siempre tienen momentos de armonía preestablecida, de ironías elegantes, de justicia poética.

Así, ahora se ve, como en el retrato de Dorian Gray, el montón de estiércol que ocultaban las joyas, los chaqués, los cabellos engominados hasta las guedejas terminales y los gestos de serena tranquilidad de los que hollaron las losas de El Escorial en aquélla boda real que montó el heredero del Vigía de Occidente, amigo de G.W.

Como se ve esa inercia de todos los liberales que acaban por montar gestapos –de pacotilla, casi casposas, pero gestapos—porque entre bueyes hay cornadas, y muchas.

Pero lo que más gratifica de salir de una gripe de una semana es ver cómo el mismo Papa que presiona al ultrafascista Berlusconi para encarnizarse hasta la tortura contra una pobre joven y su familia perdona mientras tanto a un obispo (uno de los muchos) que niega el salvajismo Nazi. Y es que la cosa no está para perder clientela, ni socios.

Así que, no me digan: los del boato, chorizos; los paranóicos, espiados, y los del derecho a la vida, negando las cámaras de gas.

El que no se divierte es porque no quiere.

Nota: probé a ver un ratito la muy mediocre copia del maravilloso SNL a la española que ha perpetrado Cuatro. Yo creo que un programa así aquí no tiene futuro. ¿Qué humorista español(a) puede igualar a nuestro ínclito ex-caudill... digooo... ex-presidente José Mari? Ni el mejor Charlie Rivel, ni el otro Charlie, Chaplin, ni Keaton, ni Groucho pueden descalzar a semejante maestro del humor absurdo. ¿Qué imitador de Fraga podría sospechar sus citas bíblicas? ¿Qué mujer de la escena española podría imitar a Esperanza Aguirre para hacer creíble un personaje así? Están perdidos. Menos mal, porque como el original, nada.

miércoles, 28 de enero de 2009

Demagogia y periodistas asnos.

Titular: el beneficio del Banco Santander cae un 2%.

Lectura: Pobrecitos, cómo se nota la crisis. Hasta los bancos pierden.

Lo que es un gol por la escuadra. Porque si uno lee la noticia, se pueden apuntar dos cositas:

La primera, que un 2% no es una caída, a lo sumo una sensación de vértigo, o un pequeño roce con el pestillo de la puerta cuando llevas la bandeja de la cena para ver Boston Legal. Quizá ni eso.

La segunda, que el Banco de Santander ha ganado 8.876 millones de euros de beneficio neto, sin contar ingresos extraordinarios. Como suena: 16 billones de pesetas, para los del plan antiguo. Así me quiero caer yo, qué caramba. Es más, estoy dispuesto hasta a caerme un 50% de esa cantidad, no soy avaricioso y hay mucho que hacer.

Ya se podrían caer así los tres millones de personas que viven en España por debajo del umbral de la pobreza en la ONU. Ya se podrían caer así en la República Dominicana después del siguiente huracán. Así se deberían caer los africanos que están muriendo de cólera, de sida, de codicia de coltán. Así me gustaría ver a mí caerse a los ancianos de Marilia y de tantos sitios.

Pobrecitos accionistas del Santander. Desafortunadamente, no tengo vendas para hacerles la cura que estoy pensando.

Nota: Bien por el gremio periodístico una vez más. No se debe morder la mano que le da de comer a uno.

Nota 2: siempre me ha llamado la atendión que el sr. Botín se apellide precisamente así, “Botín”. ¿A ustedes no?

lunes, 26 de enero de 2009

Se abre paréntesis.

Que dice Rouco que quiere libertad de expresión "tutelada". Ya, y democracia orgánica y libertad dentro de un orden. Lo sabemos. A ver cuándo le tutelan a vd. un pelín esa neurona bífida y copera que le pierde, monseñor, que tiene usted a sus creyentes hasta los tegumentos de la procreación vigilada. Hágase un favor y no hable de manifestaciones públicas de los que no pensamos como su Ilustrísima porque entonces hablamos de caperuzos, palios, brazos incorruptos, santas cruzadas, reservas espirituales de Occidente, cilicios, informaciones a la BPS,... y entonces sí que la vamos a tener, pero de las que vienen sin tutela.

Sobre lo de Esperanza Aguirre negando que haya espías en la Comunidad de nuestros pecados: un amigo me contó que conoció a un tipo (parece la canción de Serrat, esto) cuya esposa descubrió en el suelo de su coche unas braguitas rojas que no pertenecían a la suprascripta costilla. Preguntado el menda por la propietaria de la prenda y su uso y disfrute, el colega abrió la ventanilla, cogió las bragas, las tiró y lo negó todo. Con un par.

Pues eso. Se cierra paréntesis.

La Política de la Miseria (I)

Cuando medios y políticos decidieron dar vía libre al estallido de la crisis internacional y empezaron a llegar las noticias de nacionalizaciones e intervenciones de los estados ultraliberales (porque eran ultras, seguro) en las entidades financieras, Forges publicó un chiste en el que se veía a Karl Marx riéndose hasta las lágrimas con la boca a punto de estallar en una carcajada. Los Blasillos decían: "¿Cómo sabes que es él?" La respuesta: "Por la risa tonta".

Los más jovencitos no lo saben, pero conviene que se les recuerde --si es que leen este pobre blog-- que Felipe González tuvo que renunciar, además de a su higiene mental y al marxismo, a nacionalizar la banca, exigencia del ala izquierda española de aquéllos tiempos. Gracias a esa y otras muchas renuncias --Otan, nucleares, aceptación de la enseñanza privada, privatizaciones...-- el PSOE pudo hacerse por fin de derechas y gobernar en España.

Traigo todo esto a colación porque una de las maneras que tiene el liberalismo de sobrevivir a su codicia es socializando las crisis y dejando escapar a los ladrones y estafadores que las provocan mediante el sencillo procedimiento de dar al que tiene y mandar al paro al que no. Ahora, en el centro del Imperio y en las provincias aliadas estamos hablando abiertamente de nacionalizar la banca. Qué curiosa es la historia, que se empeña en devorar Fukuyamas y seguir hablándole al oído a Hegel.

Ahora, desde el otro lado, vamos a comprobar si las sociedades occidentales y sus clases obreras están tan narcotizadas como sus gobiernos esperan y confían. Porque en el Imperio treinta millones de parados son muchos. Y en nuestra provincia, cuatro, también. Uno de cada diez trabajadores y trabajadoras. igual llega un momento en que nuestra querida y hegeliana historia pare un corazón, como decía Silvio Rodríguez. Y los partos no son muy divertidos, aunque el resultado sea esperanzador.

Vamos a ver.

viernes, 23 de enero de 2009

Madrileños (y madrileñas).

Cuando era pequeño y viajaba no entendía muy bien por qué se desconfiaba de los madrileños, por qué se nos tenía tanta manía, tanto temor. Hasta el punto de que, como normalmente ninguno de nosotros era madrileño de pura cepa, nos remitíamos a las raíces de nuestros padres, oriundos siempre de otro sitio. Pero ahora que ya ni siquiera vivo en "la capital" sé muy bien lo que ocurre con el madrileño.
Vaya por delante que el madrileño no es necesariamente alguien que ha nacido en Madrid. Ni siquiera tiene que vivir en Madrid. He conocido madrileños canadienses, turcos, dominicanos... y hasta vascos. La manera de ser madrileña, no obstante, se originó en la villa y corte. Madrileños fueron y son sus apóstoles. Madrileños son sus líderes más prominentes.

Voy a exponer algunas de las características de este notable y extendido grupo zoológico (hay quien asegura que son humanos, confundidos por la apariencia física):

El madrileño no sólo cree que todo es suyo, sino que la totalidad manifiesta de la creación ha dispuesto las cosas pensando exclusivamente en el madrileño. Es decir, que tiene título de propiedad sobre aquéllo que holla, pisa, pasea o destroza. Pero esta concepción va mucho más allá de la apropiación: llega a la metafísica. Un madrileño no concibe que haya playas el martes, que la tarde ilumine un lago en un día laborable, que haya museos abiertos cuando él no está, que haya gente que trabaja cuando él está de vacaciones, que haya establecimientos cerrados en días festivos ("así no van a hacer negocio") o que haya gente que viva en los centros históricos de las ciudades. Etcétera.

Como para él el mundo aparece cuando está y desaparece cuando se ha ido, le resulta inconcebible que el escape libre de la moto de su niño despierte a nadie. Que su basura destroce entornos ajenos, que su fuego pueda quemar un bosque. Que haya otros vehículos en la carretera. Que su ruido pueda molestar a nadie. Digamos, de paso, que el madrileño es esencialmente incapaz de soportar la falta de ruido, por eso lo lleva con él a donde vaya. En pleno invierno verás al pelopincho con el bacalao rumbero a todo trapo con las ventanillas bajadas; en cualquier playa, si un chiringuito quiere tener éxito, atraerá a los madrileños con el loro a tantos vatios como se necesitan para derribar un puente; en la montaña oirás lo que tú crees un concierto al aire libre que no es más que una familia de domingueros que, por llevar, se llevan la televisión plana con el home cinema. En París cenan en McDonald’s.

El madrileño entiende que haya normas, señales de tráfico y reglas de educación ciudadana. Pero da por supuesto, como es natural, que esas normas se han establecido para la pobre gente no madrileña. Porque el madrileño tiene la potestad hermenéutico-legislativa: es decir, la de interpretar las normas. Que se salta un semáforo y te golpea el costado: venías muy deprisa. Que la señal limita la velocidad a 20 km/h: “hombre, eso quiere decir 40”. Que da un índice de alcoholemia como para que no le dejen embarcar en un avión: “eso es para la gente que no sabe beber ni conducir”. Que hacen carreras de motos a la puerta de tu casa pero tratan de atropellar a tu perro: “es que esta urbanización es de motos, no de perros”. Que se pasa el "Ceda el paso" por el Arco de la Moncloa: "Es que yo vengo por una calle principal". Que aparca en doble fila en una calle llena de estacionamientos libres: “es que voy ahí mismo, no tiene por qué ponerse así, que no aguanta usted nada”. (Nota: todos estos son casos reales, sucedidos a quien esto escribe).

El madrileño es el que rezonga en la fila y cuando le toca el turno está tres cuartos de hora para hacer una operación simple, mirando de vez en cuando por encima del hombro, como queriendo decir. El madrileño es el que se ríe de los que respetan a los demás, cumplen con las normas, hacen caso a las señales o piensan en si pueden perjudicar a otros: “siejque no se pude ir así por la vida, que te comen”.

Supongo que con estas cosas se pueda entender mejor lo que pasa en la Comunidad de Madrid. Y que la Comunidad Valenciana, Málaga y Murcia, destinos naturales de los madrileños, compartan el virus. Con este motivo aclaratorio he escrito esta pequeña satyra.

miércoles, 21 de enero de 2009

Obama y Lincoln. Dos pequeñas reflexiones y una curiosidad.

La primera es un poco cruel y la mencionaba esta mañana el maestro Elkáizer en no sé muy bien qué radio: cuatro meses después de pronunciar el famoso discurso sobre el que Obama ha construido su propuesta se inició la guerra civil. Igual que Marco Aurelio no pudo permitirse los lujos que se permitió Adriano, podríamos pensar que Obama no va a poder permitirse los lujos que se permitió Kennedy. Hoy en día la paz no está muy valorada. Todos parecen haber escogido dejarse guiar por la versión del dios patriarcal guerrero y no adorar a la pacífica y ubérrima madre de los dioses. Estaremos atentos.

La segunda reflexión es más pesimista. Creo que cualquier institución que, en tiempos de crísis, de convulsiones, de cambio, busca las ideas en los padres fundadores lo hace porque ya no es capaz de generar ideas nuevas. Quienes querían la vuelta a la república durante la era imperial romana no pudieron o no quisieron ver que la institución del imperio era irreversible. Su crítica y sus propuestas, mirando hacia una institución y unos valores desaparecidos y, por ende, mitificados, ahistóricos, dejaron de pensar hacia adelante.

Que el autor-supervisor de los discursos del nuevo Emperador sea un joven de 27 años ha sido muy celebrado entre nuestros periodistas y comentaristas políticos. A mí me preocupa que un chaval de 27 años, para parecer progresista, para proponer la esperanza y los nuevos valores, mire tan lejos como ciento cincuenta años atrás, y no diez, cien, mil, hacia adelante.

Para ese viaje me quedo con las alforjas de Heráclito, qué demonios.

P.S.: Aquí, mientras tanto, Esperanza dice que desconoce el espionaje montado por su vice-presidente. Esta mujer cada vez se parece más a G.W... es decir, que no sé qué me da más miedo, que sea mala o que sea tonta.

martes, 20 de enero de 2009

La Miseria de la Política (III)

En nuestra cultura hay una sorprendente tendencia a admitir las cosas de manera acrítica, sin detenernos ni un sólo momento a juzgar las informaciones y mucho menos los presupuestos de lo que se nos dice. De ahí que los que somos de una generación que se movilizó –y a la que se abandonó a su suerte cuando el dios dinero volvió a reinar en la era Reagan—estemos tan perplejos: nadie se para a decir que el rey está desnudo, que las cosas que se ven son tal cual, que no comulgamos con ruedas de molino.

Se admite, por ejemplo, que una persona que ejerce un cargo político tras un proceso electoral es demócrata. Y no es así: su elección ha provenido de un proceso democrático, pero eso no le inviste inmediatamente de una asunción de creencias democráticas, de moral republicana (en sentido lato), de honestidad ni de responsabilidad pública.

Creo que es precisamente esa la debilidad de las democracias occidentales actuales: pensar, mejor soñar, que los que ganan unas elecciones son demócratas, que todos participamos del mismo juego. Que, por el hecho de saber segar la hierba todos somos futbolistas. Y va y no. Como muchos de los que votan tampoco lo son.

Por eso me hace tanta gracia lo de Esperanza Aguirre y sus secuaces, algunos de los cuales no han sido –recordémoslo, aunque sea obvio—elegidos por nadie sino por ella. Mientras a nuestra ambiciosa presidenta se le llena la boca de proclamas anticastristas en nombre de los más altos valores democráticos tomados en su conjunto, sin especificar cuáles, sus adláteres montan un servicio secreto de información, ofrecen cargos a cambio de votos en una entidad financiera, se cepillan lo que queda de la educación y la sanidad pública...

Curiosa manera esta de entender la democracia, que reduce ésta a la consecución de un cargo para luego ejercer el poder de manera arbitraria y absoluta, sin tener en cuenta lo público, renegando del Estado como garante de la libertad y la justicia en cuanto protector de los que nada tienen frente a los que lo tienen todo. Y, claro está, gobernando sólo para unos a pesar de pretender representar a todos.

Por eso el mensaje de Obama no es una proclama vacía –aunque tengamos derecho a no creernos nada--: la gente espera que su representante gobierne en su nombre, “desde, para y por el pueblo”. Que no utilice, como ha hecho Cheney... perdón, Bush, el poder en sus manos como un regalo que le han dado para hacer lo que le dé la gana. Esa, no la de solucionar la crisis económica, es la gran promesa del nuevo presidente: ser demócrata.

Casi nada.

P.S.: Para demostrar que uno puede leer una noticia y quedarse sólo en la costra, un ejemplo casi frívolo: una cosa tan tonta como el acoso al ya ex-presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, es la consecuencia de haber mantenido su contrato de derechos de emisión en Digital+ frente al acoso y las presuntas irregularidades de Media-pro y, por tanto, de los grupos mediáticos rivales de Prisa-Telefónica. Es decir, que todo esto no va de fútbol, sino de dinero y de muchas cosas más. Que eso no se publique también es una idea del sentido democrático de los medios.